LAS ASOCIACIONES DE EXTREMEÑOS. UN POCO DE HISTORIA

Una de las primeras asociaciones extremeñas nació en Madrid en 1905fruto de un fuerte ambiente cultural y romántico,y caracterizada por el deseo de libertad y por el apego a lo más próximo, a lo local y lo regional.Mario Roso de Luna, fue el primer secretarioque tuvo aquel pionero Centro Extremeño.

Más tarde, en 1920, se funda la Casa de Extremadura en Madridy en 1933 se crea el Hogar Extremeño también en Madridpor la necesidad de muchos extremeños de crear un lugardonde poder hablar de Extremadura.

Durante los años 60 y 70 se prodiga la creaciónde Asociaciones de Emigrantes Extremeñospor todas las comunidades receptoras.

En la década de los 80 se dio un paso másy estos grupos se adscribieron al Registro de Asociacionesde la Emigración Extremeña reconociéndose y regulándoseasí su situación también en nuestra Comunidad Autónoma.

En la actualidad hay 120 asociaciones repartidas por toda España, Europa y América.

Barcelona
UNIÓN EXTREMEÑA DE SANT BOI – SANT BOI DE LLOBREGAT
UNIÓN EXTREMEÑA VALLESANA – SABADELL
HOGAR EXTREMEÑO DE BARCELONA
COLOMA DE GRAMANET (BARCELONA)
ASOCIACIÓN CULTURAL EXTREMEÑA ZURBARÁN – BADALONA
ASOCIACIÓN CULTURAL PERALEDA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA – SANT BOI DE LLOBREGAT
CASA DE EXTREMADURA DE SAN JUST – SAN JUST DESVERN
CASA REGIONAL EXTREMEÑA SANTA COLOMA DE GRAMANET – SANTA COLOMA DE GRAMANET
UNIÓN EXTREMEÑA DE RUBÍ – RUBÍ
FEDERACIÓN ASOCIACIÓNES EXTREMEÑAS EN CATALUÑA
CENTRO CULTURAL UNIÓN EXTREMEÑA DE TERRASSA – TERRASSA
CENTRO DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS DE TERRASA
CENTRO EXTREMEÑO RUTA DE LA PLATA – EL PRAT DE LLOBREGAT
HOGAR EXTREMEÑO DE CANOVELLES – CANOVELLES
ASOCIACIÓN CULTURAL DE EXTREMADURA – EL VENDRELL
ASOCIACIÓN CULTURAL EXTREMEÑA HERMANDAD NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS – SANTA COLOMA DE GRAMANET
ASOCIACIÓN CULTURAL EXTREMEÑA SAN ISIDRO LABRADOR – CORNELLÁ
CASA CULTURAL DE EXTREMADURA DE MATARÓ – MATARÓ
CASA REGIONAL EXTREMEÑA – BARBERÁ DEL VALLES
CENTRO CULTURAL EXTREMEÑO VIRGEN DE GUADALUPE – MOLLET DEL VALLES
CENTRO CULTURAL RECREATIVO EXTREMEÑO – CORNELLÁ DE LLOBREGAT
CENTRO EXTREMEÑO DE HOSPITALET MUÑOZ TORRERO – ESPLUGUES
HOGAR EXTREMEÑO DE MONTMELO – MONTMELO
UNIÓN CULTURAL EXTREMEÑA DE ANOIA
UNIÓN EXTREMEÑA DE L`HOSPITALET – L`HOSPITALET

Madrid
ASOCIACIÓN CULTURAL EXTREMEÑA “LUIS CHAMIZO”
ASOCIACIÓN EXTREMEÑA DE BRUNETE – BRUNETE
CASA DE EXTREMADURA DE VALDEMORO – VALDEMORO
CASA DE VALENCIA DE ALCÁNTARA EN MADRID
CENTRO EXTREMEÑO DE ALCALÁ DE HENARES – ALCALÁ DE HENARES
CENTRO EXTREMEÑO DE ALUCHE – MADRID
HOGAR EXTREMEÑO DE MÓSTOLES – MÓSTOLES
CASA REGIONAL DE EXTREMADURA EN GETAFE – GETAFE
CASA REGIONAL EXTREMEÑA DE ARGANDA DEL REY – ARGANDA DEL REY
CÍRCULO EXTREMEÑO EN TORREJÓN – TORREJÓN DE ARDOZ
AGRUPACIÓN EXTREMEÑA DE ALCORCÓN – ALCORCÓN
AMIGOS DEL CAMINO REAL DE GUADALUPE
ASOCIACIÓN CULTURAL BETURIA
ASOCIACIÓN CULTURAL CAROLINA CORONADO
ASOCIACIÓN EXTREMEÑA VIRGEN DE GUADALUPE
CASA DE EXTREMADURA EN ALCOBENDAS – ALCOBENDAS
CASA DE EXTREMADURA EN ALGETE – ALGETE
CASA DE EXTREMADURA EN CARABANCHEL
CASA DE EXTREMADURA EN COLLADO VILLALBA – COLLADO VILLALBA
CASA DE EXTREMADURA EN COSLADA – COSLADA
CASA DE EXTREMADURA EN LEGANÉS – LEGANÉS
CASA DE EXTREMADURA EN PARLA
CASA DE EXTREMADURA EN PINTO – PINTO
CASA DE EXTREMADURA EN POZUELO DE ALARCÓN – POZUELO DE ALARCÓN
CASA REGIONAL EXTREMEÑA EN FUENLABRADA – FUENLABRADA
FEDERACIÓN ASOCIACIÓNES EXTREMEÑAS COMUNIDAD DE MADRID
HERMANDAD EXTREMEÑA CRISTO DE SERRADILLA
HOGAR EXTREMEÑO DE MADRID

Lérida
CENTRO EXTREMEÑO DE LÉRIDA

Tarragona
CENTRO SOCIAL EXTREMEÑO EN TARRAGONA
CENTRO EXTREMEÑO DE REUS – REUS

Ávila
ASOCIACIÓN CULTURAL “EL CASTUO”

Valladolid
CASA DE EXTREMADURA EN VALLADOLID

Burgos
HOGAR EXTREMEÑO DE ARANDA DE DUERO – ARANDA DE DUERO
HOGAR EXTREMEÑO DE BURGOS

La Rioja
HOGAR EXTREMEÑO DE LA RIOJA – LOGROÑO

Zaragoza
CASA REGIONAL HOGAR EXTREMEÑO DE ZARAGOZA
ASOCIACIÓN CULTURAL PAISANOS DE CAMPILLO DE LLERENA

Asturias
CASA DE EXTREMADURA EN ASTURIAS “RUTA DE LA PLATA”

Navarra
CENTRO CULTURAL EXTREMEÑO “LA ENCINA” – ALSASUA
HOGAR EXTREMEÑO DE NAVARRA – PAMPLONA

 

Inés Suárez, una intrépida extremeña a la conquista de Chile

Cuando me convocaron para que diera esta charla, muchas ideas pasaron por mi mente. Podría hablarles de la Españacatólica en tiempos de conquista; o tal vez, más concretamente, de una Extremadura, tierra de conquistadores. Porque node las circunstancias políticas, económicas, sociales y las motivaciones personales que condujeron a miles de hombres ycientos de mujeres a cruzar el océano en busca de tierras y riquezas. Sin lugar a dudas, la figura del Conquistador ha sidotema de numerosos trabajos y debates científicos; hombre de carácter medieval y principios cristianos, con avidez depoder y fortuna, aventurero y militar por naturaleza; valiente y desconcertado ante un mundo nuevo, desconocido,atrayente.

La presencia femenina en el proceso de conquista y colonización de la América hispana, aunque presente devarias fuentes histórica, se ha escapado al interés de los investigadores. Solo en las últimas décadas, novedosos estudiosdemográficos y de la historia de la familia y de las mentalidades han intentado rescatar de la apatía el rol desempeñadopor no pocas féminas en la ardua tarea de la Conquista.La conquista de América ha sido considerada desde siempre como un asunto de hombres. Sin embargo, una atenta lecturade las crónicas revela la presencia casi constante de mujeres, españolas e indias, junto a los conquistadores. Las jóvenesindias, poco vestidas y físicamente liberadas, poblaron las fantasías de los recién llegados, representando el mito de lasAmazonas.

Para muchas de ellas una dolorosa pesadilla se ocultaba tras la sonrisa de los primeros encuentros. Pese atodo, no dudaron, muchas se apartaron de los suyos y se unieron a los españoles, proporcionándoles una ayudaindispensable. En un lugar destacado se sitúa la célebre Malinche, de quien Cortés afirmará que sin ella no habría podidollevar a cabo la conquista de México.Respecto a las españolas, la mayoría se dedicaban a mirar hacia América; como madres, esposas e hijas, muchas veces su papel se jugaba en la Península, a la espera de cartas, noticias, barcos y riquezas que arribaban del Nuevo Mundo o queno llegarían nunca. Pero muchas otras no se resignaron a ocupar un lugar secundario en la empresa colonizadora y seaventuraron a un destino incierto pero prometedor. Dejaron atrás lo mucho o poco que poseían, sus familias, sus hogares,su pasado, para enfrentarse a un futuro lleno de interrogantes. Desde las grandes damas, ejemplo de virtudes, hasta lasmás humildes campesinas, pasando por aventureras de toda especie y honestas burguesas, la totalidad de la sociedadespañola de entonces se dio cita en el Nuevo Mundo. Desde su llegada se dedicaron a reconstruir la vida y las costumbresde su tierra de origen, aportando con esfuerzo y empeño el modelo y los valores europeos en tierras lejanas.

Participarontambién en la mayor parte de las expediciones, soportando hambre y fatiga, cuidando a los soldados enfermos o heridos, eincluso empeñando la espada en los momentos difíciles.Destinos variados y precarios, a merced de las fiebres, de los indios que las hacían prisioneras y de las locuras de lospropios españoles. Fracaso, miseria y desolación constituyen el destino final de unas cuantas mujeres. Otras lograronalcanzar los más altos cargos coloniales, junto a los gobernadores y jefes de expedición, como doña Beatriz de Bobadilla,esposa del gobernador de las Islas Canarias en tiempos de Colón, o la misma esposa del Descubridor, doña María deToledo, la primera virreina del Nuevo Mundo. También merecen ser recordadas doña Isabel de Bobadilla, la primeragobernadora de Tierra Firme y doña Beatriz de la Cueva, que gobernó Guatemala tras la muerte de su esposo. Muchasganaron el respeto y admiración de una sociedad nueva, emergente, multiétnica y culturalmente variada y rica, donde elpapel desempeñado por estas mujeres nativas y peninsulares, ha sido tan eficaz e importante como el de los hombreslanzados al descubrimiento de nuevos horizontes.

Indudablemente la conquista material de tierras nuevas ha sido unasunto de hombres, pero la consolidación de esa empresa y el complejo proceso de colonización y transculturación nohubiera sido duradero sin el aporte de las féminas. Otras tuvieron un destino trágico, como doña Lucía de Miranda quemurió en la hoguera a monos de los indios. Algunas se enfrentaron a la conquista de lo imposible, tierras inhóspitaspobladas de tribus hostiles, como doña Isabel de Guevara en el Río de la Plata o Inés de Suárez en el Reino de Chile, cuyafigura y recuerdo la convierten en leyenda.Estas y otras tantas mujeres forman parte de un pasado real, sangriento y doloroso a veces, pero atractivo y prometedorotras. Un pasado de cuya inquietante constelación, más allá del polémico choque de culturas, nace Hispanoamérica comouna realidad pujante, precedente una América Latina vibrante que hunde sus raíces en una Europa hispana y católica.

Junto a estas damas españolas cientos, miles de mujeres anónimas completan y enriquecen el proceso. Injustamenteolvidadas por la historia, aunque recientemente rescatada por las novelas históricas, han sabido ganarse un lugar en elaltar de la memoria. Es por ello que hoy nos reunimos para recordar a una de ellas, la intrépida extremeña, la valienteInés de Suárez, la pasional Inés, la amante de don Pedro de Valdivia, la costurera que llegó a gobernar el Reino de Chile,la guerrera, la encomendera, la respetada y admirada doña Inés, la heroína, o simplemente, la mujer.Góngora Marmolejo, cronista de Chile, decía que este país tenía forma de vaina de espada: una larga franja de tierraconquistada con dificultad, bajo el signo de la guerra. Chile tenía tan mala reputación que “se huía de allí como de lapeste”, como escribió el mismo Pedro de Valdivia al rey Carlos V. A pesar de la desgraciada expedición de Almagro en juliode 1535, cuando al atravesar los Andes sus tropas morían de hambre y de frío, regresó a Cuzco dos años más tarde sinhaber podido pasar del río Bio-Bio.La conquista de Chile acabaría convirtiéndose en una de las empresas más largas, complejas, costosas y sacrificadas queacometieron los españoles en América.

Las enormes dificultades halladas en la expansión, que siguiendo los valles andinosconducía hacia el sur, acabarían truncando uno tras otro los proyectos de dominio del país como consecuencia de laindómita resistencia que opusieron los mapuches. Al mismo tiempo que se renunció a proseguir el avance hacia la región austral, la existencia de una frontera inestable en el centro del territorio, periódicamente escenario de violentasinsurrecciones, condicionó la actuación castellana, obligándola a disponer de una organización administrativa y militarinusual en la colonización americana, del mismo modo que los llamados araucanos desarrollaron un eficaz conocimiento dela guerra asumido en buena parte de su propio adversario.En este contexto Inés de Suárez emerge como una figura femenina de la historia hispanoamericana sobre la que no existemucho conocimiento, más bien su imagen se pierde en la nebulosa de los mitos: para algunos una mujer sin ningunarelevancia, más que la ferocidad demostrada en la guerra contra los indios que poblaban el valle del río Mapocho. Paraotros una valiente mujer, que a pesar de vivir en un tiempo y en un mundo de hombres, supo ganarse el derecho de serconsiderada por ellos como una igual.Pero, ¿Quién era en realidad Inés de Suárez? La historia oficial, poco o nada dice de ella. Sólo hacen referencias puntuales,especialmente hablan de su bravura en la defensa de Santiago.Inés de Suárez fue la primera mujer española en pisar suelo chileno, aunque alcanzó notoriedad en la historia como laamante del conquistador Pedro de Valdivia. Hijo de un hidalgo portugués y de una gran dama de Extremadura. Era diezaños mayor que Inés, y con un largo y ejemplar historial como militar.Inés nació en 1507, en Plasencia (Cáceres).

En 1537 se fue al Nuevo Mundo en busca de su esposo, quien años anteshabía emigrado para hacer fortuna. Tras enterarse de su muerte, recibió una encomienda de indios. Se hizo amante dePedro de Valdivia y participó con él en la toma de Chile.Protagonizó uno de los pocos ejemplos de féminas embarcadas en los primeros años de la exigente conquista americana.Amante de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, supo estar a su lado en los momentos duros, incluido el ferozataque indígena sobre la ciudad de Santiago de Chile, donde esta singular aventurera se distinguió por su ardor y liderazgoen el combate.Su abuelo fue artesano ebanista muy cercano a los clérigos católicos de la cofradía de la Veracruz. Su madre, quien leenseñó el oficio de costurera, pertenecía al vulgo del pueblo.

Tuvo una hermana llamada Asunción. La condición modestade su familia, donde nada se sabía acerca de progenitor alguno, hizo que la pequeña Inés abandonara casi de inmediatolos estudios para aprender el oficio de costurera con el que su madre se ganaba el pan. En 1526 se casó con Juan deMálaga, un buscavidas que al año siguiente partió rumbo al Nuevo Mundo, donde esperaba amasar fortuna, con lapromesa de volver algún día.Pero el discurrir de los años y las escasas cartas enviadas por él, provocaron que en 1537 la desesperada Inés solicitaselicencia real para viajar a las Indias. Cuando contaba con algo menos de 30 años de edad, llegó a América en la búsquedade su esposo, que se había embarcado hacia las Indias al servicio de los hermanos Pizarro. Tras varios meses de búsquedapor diversos países, solamente encontró el cadáver de su marido en el Perú, muerto en la Batalla de las Salinas en unardid de uno de los hermanos Pizarro. Como compensación por ser viuda de un soldado español, recibió una pequeñaextensión de tierra en Cuzco, donde se instaló, así como una encomienda de indígenas.En Cuzco conoció a Pedro de Valdivia, maestro de campo de Pizarro y posterior conquistador de Chile, recién vuelto tras laBatalla de las Salinas (1538). Indiscutiblemente entre Inés de Suárez y Pedro de Valdivia nació una sólida amistad que setransformó en un romance y los llevó a ser amantes.A finales de 1539 Valdivia recibió las bendiciones de Pizarro y emprendió una expedición con destino al cono suramericano. El propósito no era otro sino conquistar Chile, una región que infundía temor a los españoles dados losmúltiples descalabros sufridos por expediciones anteriores.Mucho se ha discutido cerca de las motivaciones del conquistador de Chile.

Su afán parecía dirigido -a diferencia de otrosespañoles que pretendían la riqueza fácil y regresar a España- a encontrar un suelo y clima que les permitiera organizarsey establecerse en condiciones semejantes a su tierra natal, pero esta vez como “señores.” Revelador es que desde lapartida se preocuparon de traer semillas, aves y animales domésticos que demuestran su deseo de establecerse ycolonizar. Es de suponer, por los hechos posteriores, que ella no solo conoció bien los proyectos de su amante, sino quelos compartió y, más aún, se sintió partícipe de ellos y dispuesta a luchar para lograrlo.Sin embargo, el valiente extremeño pretendía un lugar en la Historia y no se arredró ante el más que probable peligro, nisiquiera al comprobar que en su columna, amén de más de 1.000 indios porteadores, sólo figuraban ocho soldadoshispanos y, por supuesto, doña Inés, la cual se enfrentó con absoluta determinación al incierto destino que les esperaba.Valdivia pidió permiso oficial para que Inés le acompañase en una expedición que partiría hacia el sur, al territorio llamadoChili (Chile): Francisco Pizarro dio su consentimiento mediante carta, aceptando que la mujer le asistiese como sirvientedoméstico, pues de otro modo la Iglesia hubiese estorbado a la pareja. De esto se desprenden los arraigados sentimientosque había entre Valdivia e Inés de Suárez. Inés será la única española en participar en la expedición de ciento sesentahombres. Once meses a lo largo de la costa, padeciendo en tierras hostiles. Durante la travesía del desierto de Atacama,sufrieron hambre y sed, sin vegetación y sin agua, atormentados por la desesperanza y los helados vientos. La tropadescubrió cuerpos momificados por el frío, que sirvieron como puntos de referencia en el camino.

Inés salvó a los hombresde la sed que los amenazaba, enviando a un indio a excavar en la tierra donde pensó que podían encontrar agua. Al llegara Copiapó, las primeras tierras habitables, tuvieron que enfrentarse a la revuelta de los indios, que no soportaban ver a lossuyos capturados y encadenados por los soldados de Valdivia.En la ardua caminata que siguió, la presencia de Inés resultó una ayuda inestimable, pues a lo largo de la larga ydificultosa marcha hacia el sur, Inés se encargó de tratar a los heridos, encontrar agua en medio del desierto, vigilar a losyanaconas, e incluso llegó a salvar la vida de Pedro de Valdivia cuando un contrincante venido desde España llamado PeroSánchez de la Hoz, junto a otros cuatro españoles estuvo a punto de darle muerte en el Desierto de Atacama al interior de su carpa, plan que no resultó debido que Inés les brindo bebidas que provocó que se alcoholizaran y pudiera quitarle lascinco dagas doradas que portaban. Por ello fue considerada entre sus compañeros de viaje, según Tomás Thayer Ojeda,como “una mujer de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, y disfrutaba de una gran estima entrelos conquistadores”.

Tardaron once meses (diciembre de 1540) en dar por finalizada la expedición, habiendo llegado al valle del río Mapocho,donde fundaron la capital del territorio con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura. Este valle era extenso, fértil ycon abundante agua potable; pero se encontraba rodeado por indígenas de intenciones poco claras, por lo que debieronestablecer la base entre dos colinas que facilitaban disponer posiciones defensivas, contando con el río Mapocho a modo debarrera natural. Poco después de establecer un asentamiento en el lugar, Valdivia envió una embajada con regalos a loscaciques locales con el propósito de demostrar su deseo de paz. Éstos, aunque aceptaron los presentes, lanzaron unataque contra los españoles, con el belicoso Michimalonco como líder. A punto de derrotar a los españoles, los indígenasde pronto abandonaron las armas y huyeron en estampida, logrando ser capturados algunos de ellos. Posteriormente loscautivos declararían haber visto “a un hombre montado sobre un caballo blanco que, empuñando una espada, bajó de lasnubes y se abalanzó sobre ellos”, siendo esta misteriosa aparición la que provocó su huida.

Los cristianos consideraron quela milagrosa aparición no era sino el apóstol Santiago, por lo que, en señal de agradecimiento, dieron el nombre deSantiago del Nuevo Extremo (Chile) a la recién fundada ciudad, en fecha 12 de febrero de 1541.El prestigio de Inés aumentaba cada día: había curado a los heridos y era una mujer devota a quien los hombres nodudaban en consultar ante situaciones difíciles. También intentó superarse día a día en lo personal, aprendiendo a leer yescribir. No dudó en fundar ermitas con unas pocas maderas y rocas, o en improvisar altares religiosos allí por donde lastropas pasaban. Mientras tanto se había convertido en la amante del Conquistador, hecho que nadie ignoraba pero quetodos respetaban, respeto que la propia Inés se supo ganar en medio de una sociedad de hombres y valores religiososmuy poderosos. Inés llegó a crear en torno de su amante una verdadera red de espionaje. Estaba al corriente de los máspequeños intentos de conspiración, que ella misma se encargaba de desvelar sobre el terreno.A pesar de todo ello, meses después, llegado agosto de 1541, Inés descubrió otra intriga contra Pedro de Valdivia; trasresolver el incidente, el líder español centró su atención en los indígenas, proponiendo a siete caciques un encuentro parallegar a un acuerdo sobre la entrega de víveres. Los nativos fueron capturados y mantenidos como prisioneros paraasegurar la paz en las áreas circundantes y que las provisiones llegasen sin riesgos. Este hecho suscitó el recelo de losnaturales, a tan sólo seis meses de fundada la ciudad, atacaron la guarnición compuesta por cuarenta y dos hombres, queen ausencia de Valdivia, estaban a cargo de Alonso de Monroy.Efectivamente el 9 de septiembre de 1541, Valdivia y un regimiento de cuarenta hombres, abandonaron la ciudad parasofocar una rebelión de indígenas cerca de Cachapoal.

Apenas llegada la mañana del día siguiente, una joven yanaconavolvió con la noticia de que los bosques periféricos al asentamiento se encontraban llenos de indios hostiles. Al preguntar aInés si consideraba que los prisioneros indígenas debían ser liberados en señal de paz, ella lo consideró como una malaidea ya que, en caso de ataque, los líderes recluidos serían su única posibilidad de pactar una tregua. El capitán Alonso deMonroy consideró acertada la suposición de Suárez y decidió convocar un consejo de guerra. Antes del alba del 11 deseptiembre, jinetes españoles salieron de la ciudad para enfrentarse a los indígenas, cuyo número en un principio sevaloraba en 8.000 hombres, y posteriormente 20.000: pese a contar con caballería y mejores armas, los indígenas eranuna fuerza superior, y al anochecer lograron que el ejército rival se batiese en retirada cruzando el río hacia el este,refugiándose de nuevo en la plaza. Entre tanto, los indígenas, lanzando flechas incendiarias, lograron prender fuego abuena parte de la ciudad, dando muerte a cuatro cristianos y varios animales. Tan desesperada parecía la situación que elsacerdote local, Rodrigo González Marmolejo, afirmó que la batalla era como el Día del Juicio Final y que tan sólo unmilagro podía salvarlos.Durante el ataque, la labor de Inés había consistido en atender a heridos y desfallecidos, curando sus heridas y aliviandosu desesperanza con palabras de ánimo, además de llevar agua y víveres a los luchadores; ayudando incluso a montar acaballo a un jinete cuyas serias lesiones le impedían hacerlo solo.

Pero aún tendría que jugar un papel decisivo en la lucha:viendo en la muerte de los siete caciques, que desde la prisión gritaban palabras de ánimo a sus vasallos, la únicaesperanza de salvación para los españoles -turbados y rendidos al desaliento- Inés propuso cortar las cabezas de losadalides y arrojarlas entre los indígenas para causar el pánico entre ellos. Muchos hombres daban por inevitable la derrotay se opusieron al plan, argumentando que mantener con vida a los líderes indígenas era su única baza para sobrevivir,pero Inés insistió en continuar adelante con el plan: se encaminó a la vivienda en que se hallaban los cabecillas, y queprotegían Francisco Rubio y Hernando de la Torre, dándoles la orden de ejecución. Testigos del suceso narran que de laTorre, al preguntar la manera en que debían recibir muerte los prisioneros, la respuesta de Inés fue: “De esta manera”,tomando la espada del guardia y decapitando ella misma al primero de los caciques. Después de que los siete caciquesfuesen decapitados y sus cabezas arrojadas entre las filas de indígenas, Inés se vistió con cota de malla y casco,cubriéndose con un manto de piel de alce, y montó sobre un caballo blanco.Afirma un testimonio que “(…) salió a la plaza y se dispuso frente a los soldados, enardeciendo sus ánimos con palabrasde tan exaltadas alabanzas que la trataron como si fuese un valiente capitán, y no una mujer disfrazada de soldado concota de hierro”. Avivado el coraje de los españoles, éstos aprovecharon el desorden y la confusión causada entre losindígenas al topar con las cabezas decapitadas de sus caciques, logrando poner en fuga a los atacantes.

El coraje de Inésen esta batalla sería reconocido tres años después (1544) por Valdivia, quien la recompensó concediéndole unacondecoración.Pero ¿habrían exagerado los cronistas de la época las proezas guerreras de esta mujer fuera de lo común? Valdivia seencarga de dar una versión más plausible en el preámbulo a la concesión de la encomienda que le adjudica. Recordando laejecución de los caciques, el Conquistador afirma en todo caso que gracias a esta iniciativa los indios dejaron de combatir y huyeron, ya que “es cierto que de no haber muerto se habrían liberado y no hubiera quedado un solo español vivo en laciudad”. El mismo jefe indio Michimalongo reconoció personalmente el valor de Inés de Suárez cuando, en signo de paz, leofreció una pluma, uno de los bienes más preciados entre la comunidad indígena por ser considerado mágico.Con este episodio Inés salta a su propia fama y también a su “leyenda negra”.Los cronistas de la época la pintan blandiendo su espada y vistiendo cota de malla. Encabeza la carga final y anima a suscompañeros que con nuevas fuerzas, definen la pelea a su favor y la supervivencia de Santiago.

Sin embargo, otros relatosla muestran como una mujer compasiva, trabajadora, leal y comprometida con la empresa de sacar adelante la nuevaciudad. Destacan su dedicación en cuidar a los heridos y enfermos; según Vicuña Mackenna ella fue la fundadora delprimer hospital.Hablan también de su tenacidad y trabajo para asegurar la escasa alimentación de sus compañeros, el cuidado paciente yamoroso (lo cuenta el mismo Valdivia en sus cartas el Rey) con que ella criaba a los pollitos y escasos animales domésticoque poseían. Ella mantenía la sociabilidad amable y cálida de aquel campamento militar que era, en realidad, Santiago. Sepreocupaba de festejar la Navidad y las crónicas cuentan como, para el día de San Pedro, organizaba un brindis en suhonor, al que todos eran invitados.Las numerosas vicisitudes y penurias de aquellos primeros años, las penas y alegrías compartidas, los desastres quemarcaron el nacimiento de Santiago de Nueva Extremadura, unieron profundamente al puñado de españoles, entre loscuales Inés se destacó por méritos propios, ganándose el respeto, gratitud y admiración de todos.Fue considerada por Valdivia como “uno más” en lo que a reparto de tierras y encomiendas se refiere -y aunque no tendríajamás un cargo oficial, ninguna mujer podía aspirar a eso- llegó a ser uno de los personajes más influyentes en la nacientesociedad colonial. Las pérdidas en víveres y animales fueron muy grandes, pero Inés de Suárez reunió los pocos pollos quequedaban y algunos cerdos y los crió con tal celo y diligencia que pronto se reprodujeron, salvando en parte la situación depobreza que sumía al naciente poblado de Santiago.¡Cuántos esfuerzos había desplegado Valdivia para conquistar Chile! Fueron ocho años de sufrimientos que compartió conInés de Suárez. En la concesión de la encomienda se mostró tan conmovido que la menciona en segundo lugar, trasAlonso de Monroy, y se dirige a ella diciendo: “porque vos, doña Inés Suárez, habitante de Santiago, habéis venido a mí aestas provincias para servir a Su Majestad, soportando duras labores y fatigas, tanto por lo largo del camino como por losencuentros que hayáis podido tener con los indios…lo que para los hombres habría podido ser muy duro de soportar, lo hasido más aún para una mujer tan delicada como vos”.A la luz de los hechos posteriores es indiscutible que la unión de más de diez años entre Pedro de Valdivia e Inés deSuárez no era bien vista entre algunos vecinos de marcado fervor religioso, hecho que se sumaba a otras críticas hacia elgobernador. Valdivia sale hacia el Perú en 1548 junto a Gerónimo de Alderete a buscar ayuda y afianzamiento comogobernador ante el representante de la corona en el Perú.

Se entrevista con Pedro de la Gasca, quien después de probarsu fidelidad y gracias a la intervención del mismo Valdivia en la batalla de Xaquixahuara que derrota a Gonzalo de Pizarro,se gana su estima y lo reconoce como gobernador del Reino de Chile, fijando sus límites y permitiéndole apertrecharse. Noobstante, la llegada de vecinos enemistados con Valdivia desde Chile provocó un juicio de residencia al gobernador quienya había tomado el camino del sur, y tiene que volver desde Arequipa a enfrentarse a los cargos en su contra, entre ellosla unión ilégitima con Inés de Suárez. De la Gasca, después de escuchados los alegatos, se da cuenta de que existía muypoca objetividad, felonías y mucho egoísmo en las acusaciones, por lo que exonera de todos los cargos a Valdivia, exceptoen lo relacionado con Inés de Suárez. El virrey ordena imperativamente a Pedro de Valdivia terminar su relación con Inés.A la católica España no le gustaban las desviaciones en la conducta moral de sus súbditos; y un gobernador debía servir deejemplo a los demás. Inés debía abandonar el país, a menos que decidiese volver a casarse. Valdivia promete su palabrade caballero de dar cumplimiento cabal a la sentencia dictada y a traer a su esposa al continente americano. A su regresodel Perú en 1549, Inés de Suárez quien le esperaba con ansiedad, recibe estupefacta e incrédula, de boca del mismo Pedrode Valdivia, lo acordado con la sentencia de De la Gasca, y que en caso de no cumplirla, sería excomulgado de la iglesia.Por hallarse demasiado unida a esa tierra y a sus recuerdos, Inés escogió la opción del matrimonio, y acepta casarse conuno de los mejores capitanes del Conquistador, don Rodrigo de Quiroga, para entonces tenía ella 42 años.

Valdivia ordenaa Gerónimo de Alderete entre otras cosas regresar a España y traer de vuelta a Marina Ortiz de Gaete, su esposa.Tras casarse, Inés se caracterizó por llevar una vida tranquila y religiosa, junto a su marido, quien fue persona principal enChile, llegando a ser unos años más tarde gobernador de aquellas tierras. La presencia de Inés se pierde en el tiempo, sólose sabe que cedió unos terrenos que le pertenecían en Santiago para la construcción del templo de la Merced en 1561,lugar donde se halla su tumba, y de la ermita de Monserrat, en 1550. No tuvieron hijos debido a que Inés de Suárez eraestéril.Pedro de Valdivia no llegó a volverse a ver con su esposa Marina Ortiz de Gaete, pues moriría en Tucapel, el 25 dediciembre de 1553, cuando los mapuches comandados por Lautaro lo derrotaron. El golpe de una maza en su cabeza learrancó la vida. Su corazón fue repartido entre los principales jefes y comido siguiendo los ritos locales. Poco despuésllegaría de España la carta real por la que se le confirmaba la gobernación hecha por la Real Audiencia de Lima, sin que seaccediese a sus peticiones de ampliar la provincia hasta el Estrecho ni sobre nombramientos, sueldos y privilegios. Suesposa, doña Marina, se halló sola y desamparada en Chile, pues los servicios prestados al Rey por su difunto esposo y losaltos cargos por él desempeñados no fueron suficientes, en tiempos de engorrosos trámites. Muchos dolores y privacionessufrió antes de obtener, después de largas esperas y trajines, algo de lo que le correspondía en su condición de esposa deValdivia. Doña Inés se interesó de modo especial por esa viuda desgraciada, con quien se sentía ligada por un afectocomún: ambas habían amado y veneraban la memoria de un mismo varón.

Favorecida doña Inés con las ventajas delpoder y la fortuna, compartía con la desvalida Marina sus recursos y comodidades. Los vecinos de la Cañada de San Francisco veían con frecuencia a la Gobernadora trasponer los umbrales de la modesta vivienda, donde pasaba sus penasdoña Marina Ortiz de Gaete.Entre la práctica de las obras de piedad, el cuidado de su hogar y la digna representación de su elevado rango de esposadel gobernador de Chile, los días de doña Inés van apagándose placidamente, rodeada del respeto y veneración decuantos habitaban esas lejanas comarcas del Nuevo Extremo. Santiago y Chile entero admiran a esa anciana encorvadapor los años, pero de cuyos rasgos fisonómicos no han podido desaparecer la energía y entrega, características de suespíritu intrépido y generoso.Inés murió alrededor de 1580, el mismo año que murió su marido, don Rodrigo de Quiroga, con algo más de 73 años deedad. Injustamente olvidada por la historia, recordada tal vez en ciertas crónicas como la amante del Conquistador deChile, aunque fue en verdad mucho más que eso. Fue uno de sus más grandes amores al acompañarlo por más de diezaños mientras ganaba Valdivia nombre y fama, siempre a su vera, luchando por una tierra hostil y lejana, con el valor y laentrega propios de una mujer comprometida con una causa.

Comparadas a menudo sus hazañas con las de Juana de Arcoo el Cid, en Chile su nombre evoca la determinación, el coraje y la bravura de las mujeres criollas.Llegó a América siendo pobre, acabó sus días siendo una de las mujeres más influyentes de todo Chile. El amor jugó unpapel fundamental en el desarrollo de su vida, por amor fue a América, por amor permaneció en este continente, y poresta misma razón fundó Santiago. También por amor acató la resolución de volver a casarse y por ese mismo amor ayudóa la viuda de Valdivia. Un amor que la llevó a la aventura, que comenzó como un sentimiento puro y a la vez oculto haciaun hombre prohibido, pero que terminó materializándose en una nación entera.

UN VIAJE DE IDA Y VUELTA

5

¿Qué pensaba un emigrante cuando llegaba a su destino? Muchos eran los sentimientos que embargaban a los extremeños y extremeñas antes de partir y una vez que llegaban a su destino.

Por ello debemos hacer un esfuerzo por empatizar, mirar a través de los ojos de los que se fueron y así entender sus sentimientos, comprender la Extremadura que se vieron obligados a dejar, y la emoción ante la Extremadura cambiada, que se encuentran hoy.

EN BUSCA DE UN FUTURO MEJOR

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A veces, en contra de lo que uno desea la tierra en la que se nace no da lo suficiente para poder vivir bien.

Es entonces, cuando los extremeños y las extremeñas, se han armado de valor y han salido de nuestra región, embarcándose en viajes prodigiosos, en busca de tesoros míticos, en busca de nuevas tierras o simplemente en busca de un trabajo.

En cualquier caso todos buscaban lo mismo, mejorar sus condiciones de vida.

LA EMIGRACIÓN Y LA INTOLERANCIA HUMANA

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Imagina que no pudieras expresar tus creencias, tus emociones o tu ideología política…

Imagina que no pudieras pensar de manera diferente y sólo por ello, tuvieras que abandonar a tu familia y a tus amigos, a tu hogar…

Esto ha pasado en algunos momentos de nuestra historia, y por ello, miles de extremeños y extremeñas tuvieron que partir lejos y dejar nuestra tierra, a veces para siempre.

5 SIGLOS DE EXTREMEÑOS EN EL MUNDO

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Extremadura es más de cinco siglos de movimientos migratorios, de gente, muchas veces anónima, que se vio obligada a abandonar su hogar para partir en busca de un futuro mejor.

¿Quieres conocer los motivos? Esta página es un homenaje a todos los extremeños, a los que se fueron y a los que se quedaron, porque entre todos hemos creado una Extremadura nueva.

Una región exportadora de conocimientos, abierta y plural que tiende su mano a los que como nosotros, vienen hoy en busca de un futuro mejor.

 

EXTREMEÑOS EN EL MUNDO

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Extremeños y extremeñas que donde quiera que han ido han creado asociaciones para sentirse más cerca de su tierra, para propiciar el encuentro entre emigrantes y la ayuda mutua.

Mujeres y hombres anónimos, pero otros muchos de reconocido prestigio nacional e internacional, triunfadores en sus trabajos o destacados por sus grandes hazañas.

Todos han llevado a Extremadura lejos.